miércoles, 5 de agosto de 2009

El cordón mágico de Melibea

Pues señor, había una vez una jovencísima doncella que parecía resistirse a los encantos de cierto mancebo abundante en ardores, mas no en ingenio. Aconsejado por sus buenos criados, el patoso patán acudió a la ayuda de una hechicera, la cual, con más ardides que ungüentos, lió a la paloma esquiva, para que se uniera a su galán.

Hablamos de Melibea. Y del hechizo o los hechizos de Celestina.

La crítica se divide en si, efectivamente, existe la magia en Celestina o no. Si verdaderamente, las serpientes que le azotan en el vientre a la virgen Melibea, cuando piensa en Calisto, son fruto de los conjuros y las invocaciones a Plutón o, si por el contrario, todo obedece al incremento hormonal propio de la adolescencia y las argucias de la vieja alcahueta. En este sentido se ha hablado mucho del famoso cordón de Melibea. Ese cordón que ciñe su tierno talle, a modo de cinturón, y que la vieja le pide como ofrenda para curar a Calisto "de un dolor de muelas" (nótese la distancia que media entre la cintura de Melibea y las muelas de Calisto, para figurarnos ese dolor que no le cesa al muchacho).

Existen estudios bien elaborados al respecto, que aportan fuentes clásicas, que demuestran la existencia de las prácticas de magia en la época de la Celestina, como también existen trabajos que, claramente, demuestran lo contrario. Que Rojas documentaba, pero que no creía en la magia. Y están también los más avezados, de carácter ecléctico, que ni se posicionan a favor de uno ni de otro bando.

Yo sí creo que existe magia en la Celestina. Aunque también creo que los conjuros pueden formularse con menos rituales y etiquetas, pero con mayor eficacia. El lector concentra su mirada en el conjuro que Celestina le lanza a Plutón, al final del tercer acto, justo cuando va a la casa de Melibea a pedirle dos cosas: una oración por Calisto, enfermo de un dolor de muelas, y el cordón que le ciñe la cintura, a modo de objeto santo y curativo. Y parece que con eso ya está todo dicho y hecho. La magia y la apariencia de la magia.

Lo cierto es que Calisto ya le había dado la lata a Melibea. Directamente. Algo así como si en una noche de agosto un tipo se le acerca a una y sin mediar un "estudias o trabajas, mona", te salta con eso del revolcón. Por supuesto, esto último puede ser tanto ameno como divertido, pero habrá doncellas que todavía hoy le suelten al sujeto un improperio o hasta un soplamocos. Hablando claramente. Calisto se había pasado cien pueblos con Melibea. "Las cosas así no se hacen", debiera haberle dicho ella.

Pero llega Celestina a su casa. A la de la intachable familia de Melibea. Y con la fama que le precede (que no era precisamente la de una buena vecina), no sólo su atontada madre la deja entrar, sino que, además, Melibea le sigue el juego con una actitud que los americanos calificarían de "nice". Sonrisita amable, y un montón de necedades aparentes del tipo de: "pero qué buena persona que eres vecina, cuánto tiempo ha pasado desde que nos vimos la última vez", y a todo eso le sigue un: "en qué te puedo ayudar", que más parece lo contrario: " a ver en qué me puedes ayudar tú a mí.

A mí ese diálogo insípido pero no exento de gracias entre Celestina y Melibea siempre me ha parecido una impostura fingida de la niña. Vamos, que a mí Melibea me pareció siempre menos pavisosa de lo que a primera vista se la ve. Y lo que sí es un prodigio de ocurrencia es la demanda o petición de Celestina (Plutón mediante con toda su cohorte de diablos y fantasmas, o no). Pero también la astucia de la mocosa.

Sí hay magia. La magia está en ese cordón. El cordón que manoserá Calisto hasta el baboseo. Pero no porque haya un hechizo o no exactamente el hechizo que se pretende. El hechizo de Celestina no consiste en untar cosas, objetos o deseos en el aire con sangre de aves nocturnas o con la ponzoña de las víboras, sino sus palabras. Lo que demanda Celestina de Plutón es retórico, como retórica (pero hueca) es la que le hace pedirle a Melibea la oración a Santa Apolonia para las muelas de Calisto (también otra retórica), y el cordón.

La magia es intuir el deseo no expresado y procurar el cauce. A Melibea no se la podía ir con un "vente conmigo a la cama, chica, que quiero llevarte al huerto". A Melibea había que atajarla de otra manera. Para eso era ella de una casta superior, de un linaje sin tacha, y no una aldeana ligera de cascos.

Cuando Melibea le entrega el cordón a Celestina (la oración necesita escribirla, se la dará al día siguiente), Celestina sabe que ha ganado la partida. Sabe que Melibea cederá a Calisto, pese a su furia y rechazo iniciales. Pero Melibea también. De ahí que le pida volver a por la oración "secretamente". Sorprende esta reacción de Melibea. La petición de que Celestina venga a por algo tan inocente, en secreto, y en esto también repara, y no sin sorpresa, Lucrecia, la criada.

Melibea adopta una actitud exagerada. Había reaccionado airada al saber que Celestina venía en nombre de "ese plomo de Calisto". Pero ahora, por aquello de las muelas, pobrecito. Qué mala había sido. Qué equivocada estaba al creer que la vieja alcahueta venía con otra intención que la de pedir ayuda por el "enfermo". Tan culpable se siente, la pobrecita, que está dispuesta a hacer más por el doliente "si fuere mester, en pago de lo ocurrido".

Sí hay magia, sin duda. La magia de la palabra y de la imagen. Dos mujeres acuerdan el destino de otra mediante los preámbulos retóricos que, por tiempo y clase social, deben formularse. Magia la hay, por supuesto, en el objeto. Melibea, al entregar su cordón pierde, literalmente, su virginidad.

2 comentarios:

  1. Plas, plas, plas...,
    Deberías titular el post, "Si no leíste La Celestina, no importa, lee esto".
    Joe, que resumen mas chulo, a mi también me duelen las muelas, pero de reirme. Genial esta interpretación!, con lo tabarrero que es el libro!!
    Bs.s.s.s

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  2. jajajaja. ¿Cuánto tiempo hace que te lo leíste? De tabarrero nada. Píllatelo ahora que ya eres mayor y flipa con los diálogos, que no tienen desperdicio...Píllale el puntillo erótico-festivo y olvídate de que era un libro obligatorio en la escuela. Después de eso, imagina una versión en comic manga. ¡Y ya está hecho! Besotesssss, y gracias por los elogios...Muach!

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