miércoles, 15 de julio de 2009

Tragicomedia erótica o fabula moral de Celestina

"Divino si encubriera más lo humano" Cervantes.

A ningún crítico le extraña ya que a La Celestina se la califique como obra erótica. Y, sin embargo, creo que pocas veces la he estudiado desde esa perspectiva en la escuela, el instituto, la universidad, donde se tiende a resaltar más centradas lo novedoso de lo urbano, lo picaresco, el tema de los conversos, la ambiguedad genérica, etc.

En la introducción hecha por Stephen Gilman a la edición de Dorothy S. Severin (por cierto, nombrada recientemente miembro honorario de la RAE), se nos explica que el desarrollo más completo como personaje de la vieja alcahueta provocó que, popularmente, se trocara el título original por el actual de La Celestina. Y me pregunto si este mero hecho ha podido tener consecuencias en la recepción de la obra.

Lo cierto es que el título de un libro ya le orienta a uno hacia algo. Y la vieja Celestina concentra en sí todas y cada una de las características propias de un antihéroe. Vieja, fea, puta en sus buenos tiempos, alcahueta, mentirosa, chismosa, manipuladora y, sobre todas las otras cosas, bruja. Visto así, no puede sorprendernos el trágico final de esa pareja de gorriones de campanario que son Calisto y Melibea. ¿Qué podía esperarse de unos amores que se dejaron llevar por semejante mujer? Ya lo dice Rojas, el autor, en su prólogo: que la obra está escrita para advertir de a dónde pueden conducir los amores desenfrenados y el dejarse engañar por las malas artes de las alcahuetas.

Pero entonces ¿por qué Rojas no tituló la obra con el nombre de su personaje más ilustre? ¿Por qué decidió dirigir nuestra atención a los jóvenes amantes con el ambiguo título de Tragicomedia de Calisto y Melibea? Hoy me propongo dos cosas. La primera, reflexionar sobre este asunto del título y el enfoque de una lectura alternativa, diferente. Y la segunda, una disquisión sobre el cordón de Melibea.

Lo cierto es que todo cambia si desviamos el foco de atención hacia la pareja de amantes, tal y como propone Rojas desde ese título original. Pues nos conduce al hecho de que lo que impulsa a Calisto hacia Melibea y vicerversa no es otra cosa que l'amour fou, vamos, lo que comúmmente se conoce como un calentón primaveral. Es muy obvio desde las primeras páginas en que Calisto, al describir la belleza de Melibea a su criado dice: "el pecho alto; la redondeza y forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? Que se despereza el hombre cuando las mira." Mucho se ha debatido acerca de porqué no se plantea el asunto del matrimonio entre los dos amantes, ya que casándose quedaría resuelto el tema de la furtividad de sus amores y se esquivaría la tragedia. Yo también creo, como Gilman, que a Rojas esto no le interesaba destacarlo, pero no porque no le preocupara en sí, sino todo lo contrario. Quizás ninguno de los dos personajes lo menciona porque en ningún caso era ése el destino de su amor, es decir, que no tenían ninguna intención de casarse desde el principio. Visto así, La Celestina sería una de esas obras en las que, por raro que parezca, se exhibe sin tapujos el deseo del amor libre.

Glman en su interpretación de la obra aduce el accidente como causa de las muertes de los protagonistas y excluye la existencia de un destino o fatum. Es posible que tenga razón. Rojas, exiliado social en su propia tierra, dada su condición de judío converso, estaría mostrando los defectos y pecados de una sociedad corrompida. Quizás, por tanto, la metáfora que define a la novela no sea otra que la del "error", "la torpeza", de ahí que el amor desenfrenado de Calisto y Melibea sea un error, tal y como parece querer justificar el autor. Como torpeza es el traspiés de Calisto en la escalinata y su caída al vacío. Sin embargo, el hecho de centrar toda la atención del título en la vieja Celestina nos conduce a una interpretación muy diferente.

Para empezar, el lector tiende ya a observar el mundo a través de ella, con lo que la evidente carga erótica disminuye en intensidad. Por otra parte, la propia Celestina es más susceptible de suscitar una reprobación de tipo moral: es vieja, fea, mala, pícara, astuta... No sé si desde esta lectura es posible eliminar la existencia de un fatum. Y ese fatum simpre beneficia, sin duda, a quien condena.

En fin, quizás deberíamos retomar el título que Rojas dio a su obrita, y darnos la oportunidad de realizar otro tipo de lecturas. Por hoy, basta. Dejamos abonado el terreno para, en un próximo post, meternos en el polémico asunto del cordón de Melibea. Con un verano calentito, vayan preparándose señores para leer sobre chicas descontroladas y atuendos mágicos.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! Yo leí esta obra en el instituto y, gracias a nuestro estupendo profe de literatura, sí que estudiamos esta "faceta" de la historia... qué clases...

    Gracias por seguirme en mi blog, de verdad... un saludito...

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  2. ¡Hola! Me alegro de que tvieras un bue profe de literatura. Eso hace que mucha gente ame los libros. Y gracias por tu comentario. En cuanto a lo de seguirte, es un placer. Tienes un blog estupendo. Y en ocasiones me he reído mucho, en otras he disfrutado con tu sensibilidad. Un abrazo, por aquí nos vemos.

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