martes, 15 de agosto de 2006

Los ausentes


Posted by PicasaCuando partí supe que este viaje no tendría retorno. Que no importaba que el billete contuviera la vuelta porque algunos viajes no admiten regreso. Por muchas veces que vuelva ya casi me he acostumbrado a la acumulación exagerada de fotografías y breves historias en el bolsillo, que reparto con la misma alegría que ese tío lejano al que esperamos cíclicamente al llegar la Navidad porque nos trae las golosinas y exotismos de lugares que no conocemos. La infancia es la única que admite la ruptura del compás monótono, dispuesta a lamer la herida del desarraigo en ese tío que camina ligeramente encorvado y acostumbrado a los pasos sobre terreno incierto. Su tristeza sólo se la reconoce aquel que observa la sombra lánguida y escueta que se le va derramando por las baldosas, y si el que mira atina bien, puede apreciar todo lo que se va perdiendo en forma de cristalitos multicolores, en realidad, fruslerías que contienen alguna que otra ilusión. Cuando te miré a los ojos supe, al instante, que tu viaje no admitía el regreso, aunque tu recorrido ya no me sorprendiera, de sobra conocía yo los escarpados acantilados en los que uno se arrebata y pierde. La única cosa que me dejaste, y fue por olvido, la encontré en los ojos de un vagabundo, al doblar una esquina en cualquier ciudad, cualquier día de esos. La sensación de soledad no se me despega, como un mal olor adherido a la piel. A los que siempre nos estamos yendo nos deja una marca indeleble, la de los que se ausentan, como los muertos.