
Hoy quiero hablar un poco sobre mi padre. Sé que a él le va a dar un poco de vergüenza, pero bueno, aún así hoy quiero hablar de él. Y espero que no me corrija, en caso de que también añada algún dato poco preciso (ya sabes que nací contando cuentos).
Mi padre, que nació allá por los años treinta, justo antes de la guerra civil, sabe lo que es crecer sin padre y, casi, sin madre, porque de ella se tuvo que separar. A mi padre lo criaron unos tíos que no eran de Bilbao, ni de su pueblo en las Encartaciones. Como casi todos los niños de su época, mi padre dejó la escuela a eso de los doce o catorce años y comenzó a trabajar, tras haber aprendido las cuatro reglas. Primero en talleres y ya más tarde en Altos Hornos. Allí se pasó la vida, como soldador. Y así lo jubilaron un día, como soldador. Sin embargo, mi padre no sólo sabe empuñar el soplete, también sabe acariciar los lienzos con el pincel. No sabemos muy bien cómo ni por qué, pero el caso es que a mi padre le gustaba pintar. Cuando el trabajo por turnos en la fábrica se lo permitía, mi padre pintaba. A mí con siete años y una bronquitis casi permanente me gustaba verlo con todos aquellos tubos multicolores y el olor en la cocina del aguarrás. En ocasiones, alguno de aquellos cuadros le sirvió a mi madre como parche temporal a los agujeros de la economía doméstica y así, de pronto, aparecía una cazadora nueva para mi hermano, un vestido nuevo para mí, cosas de esas que tan rápidamente gastan los niños cuando crecen. También recuerdo algún que otro lloro cuando yo, ya acostumbrada a la imagen, veía cómo ésta ya se debía ir a las manos de su dueño, que por algo la había pagado, y el gesto resignado de mi padre admitiendo que si él hubiese sabido que le iba a quedar tan bien no se la hubiese ni ofrecido... Una vez jubilado, yo pensé que destinaría muchas horas a sus pinceles hasta que llegó la degeneración macular.
Un día mi padre dijo que veía un punto negro con uno de sus ojos. No voy a relatar todo el proceso de médicos, ni nuestro ánimo, ni su tristeza. Lo resumiré de otro modo: una tarde, lentamente y con la calma de quien ya se resignó, mi padre recogió sus pinceles, su maletín, sus botecitos, todo impolutamente sucio de pinturas tras 30 o 40 años y lo tiró a la basura.
Ahora quien tiene bronquitis a veces es él. Pero eso no le impidió aprender a nadar, en piscina descubierta, para evitar el cloro, que lo pone fatal. Cuando me fui de casa miró esa cosa cuadrada que era el ordenador y comenzó "a trastear", como dice mi madre. Y así una mañana nos vimos por skype. Con mucha paciencia siguió las pautas de sus hijos para aprender todo eso de internet.
Mi padre instaló programas, abrió cuentas de correo electrónico. Poco a poco también empezó a mirar las páginas del los museos del mundo con un solo ojo sano y una resolución de 600 x 800.
Más tarde le compramos una pantalla más grande y él ya consultaba periódicos y revistas de fútbol. Una navidad le regalamos una cámara digital. Pequeña. Con menús y botones pequeños que parecían escaparse de sus manos gruesas de soldador. Pero no se escapan y mi padre saca fotos (y muy buenas, por cierto).
Empezó a moverse más, con mi madre, a pesar de que como dice él "tiene la cadera y la rodilla izquierda bien jodidas". Y así le convencimos para abrir más cuentas, en flickr, y ahora un blog, venga, que sí, que verás qué guay. Y él hecho un lío. ¿A dónde hay que darle para hacer esto? ¿Y ahora qué hago?
Pero aprendió. Vaya si aprendió. La última sorpresa me la tenía preparada para hoy. Las navidades pasadas se me ocurrió enseñarle un programa básico de retoque fotográfico. No recuerdo cuál. Quizá fue el paint, o el de olympus que viene con la cámara, no sé. Lo pasamos bien haciendo garabatos, las pasadas navidades...
Después de eso, mi padre, a escondidas, hurgó "en otros programas". Y mira por dónde encontró el fireworks, una versión del año catapún que ni siquiera usé. Y hoy, mi padre me ha mandado sus primeros dibujos. Mi madre está encantada. Me dice que se entretiene mucho y que tiene buen pulso con el ratón...
sábado, 8 de noviembre de 2008
Los pinceles de mi padre
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Creo que ambos son un ejemplo de adaptación a la vida moderna como pocos que conozco; de hecho, no conozco otro caso como el de ellos.
ResponderEliminarSin ningún conocimiento previo, ahora son capaces de mantener el blog, gestionar el email, pasar fotografías de la cámara al ordenador, instalar programas, enredar en flickr, por supuesto, navegar, dominan la videoconferencia a través de skype, e incluso, reservar los viajes del Imserso por Internet!!
El hecho de tener una hija trotamundos les obligó a no echarse atrás, pero creo que han ido mucho más allá, y son un ejemplo para todos, también para nosotros, de que "las personas mayores" tienen un papel que jugar en esta sociedad informatizada, que tienen capacidad de superación y de aprendizaje, y, en algunos casos, una ilusión que puede con todas las dificultades.
Ánimo, y a seguir adelante!!
¡Jolines! nosotros queríamos permanecer en el anonimato pero si seguís en este plan lo mismo nos hacemos famosos.
ResponderEliminarGracias hijos por las cosas tan bonitas que nos decís, pero vosotros también sois responsables de nuestra evolución, animándonos siempre con vuestro cariño y atenciones.Estamos muy orgullosos de vosotros.
Muchos besos
Qué sí, que teneis razón, es un artista, diseña, chatea, bloguea, y ella además,cocina mejor que el Bulli, teje,cose... pero ahora lo que me preocupa es: estas navidades volvemos a jugar con el ibertren ¿no?, o ¿tendremos que buscar una wii?
ResponderEliminarCreo que esta generación 2.0 nos sigue haciendo mucha falta puentes de comunicación 1.5, ¿os apuntais?
Yo quiero otro viaje. Aunque sea al Paga, jolín. ¿Qué tal si hacemos un safari fotográfico? Y luego podríamos montar una expo para el día de Navidad en el pasillo de ama, sería genial. Pero no vale ver las fotos de los otros hasta el día de la expo. (Creo que el final del curso me está jorobando la cabeza, je, je). Pero bueno, lo de la wii no sé si me mola, el ibertren me parece fenómeno. (Pensad lo del safari y la expo...)
ResponderEliminar¡Qué envidian me dan! ¡qué animados a hacer cosas, a aprender, a disfrutar de la vida, a dejarse liar e irse hasta el quinto pino...! Por cierto una gozada ir con ellos de viaje.
ResponderEliminarUn besote a todos y nos vemos en Navidad.
Mertxe
Te sigo leyendo aislada en mi silencio y es más...me he metido en el blog de tus padres,ahora me explico tantas cosas...
ResponderEliminarBuenos maestros, buenos ejemplos,un legado importante en su actitud frente a la vida.
Te echo de menos.
ResponderEliminarUn abrazo a todos. Gracias por estos comentarios que son para ellos. Gracias, de verdad.
ResponderEliminar¡!
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